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lunes, 31 de diciembre de 2012

Reset

Casi es 2013, y toca hacer balance y esas cosas. Pero realmente ¿porqué lo hacemos? ¿Qué diferencia hay entre el 31 de diciembre y el 1 de enero?
La diferencia existirá sólo si queremos que exista, si necesitamos hacer un borrón y cuenta nueva.
Mi balance es positivo, pero pocas veces ha sido negativo. Porque hasta las cosas "malas" son buenas, nos cambian por dentro o nos llevan a situaciones que de otra forma jamás habrían ocurrido.
No voy a analizar mucho más este año 2012. El año pasado en estas fechas si que hice una especie de cambio de actitud, que simplemente consistió en pensar menos. Y ahora hay poca marcha atrás.
Pero ahora mismo no quiero reiniciarme. Porque eso se hace cuando se necesita y yo ahora mismo no quiero cambiar nada, sólo seguir avanzando en mi línea.
Soy increíblemente feliz. Cambiaría alguna cosilla que otra, pero eso no me requiere hacer un balance y cambio de actitud. Mañana haré las mismas cosas que hago hoy. Y no habré cambiado.
Que cada cual haga su propio examen de conciencia, y si las cosas no cuadran, bueno, la verdad es que hoy no es mal día para un reset. Pero tampoco lo será mañana, ni al día siguiente.


jueves, 16 de septiembre de 2010

Religión.

Otro de mis temas tabú: religión. El motivo por el que nunca hablo ni de política ni de religión es porque no me gusta discutir. Pero hoy no me importa.
No sigo ninguna religión. Pero soy tolerante mientras las religiones sean tolerantes (las religiones lo son, pero no sus seguidores, los que interpretan los textos sagrados como quieren para imponerse y para preservar sus intereses). No creo en Dios. Pero no soy atea (en su definición más pura). Entiendo a Dios de una forma distinta, fuera de la fe y de la ciencia, de una forma filosófica. Me explicaré.
Siguiendo la estela de Ortega y Gasset, opino que cada persona es la suma de sus circunstancias y su yo (como es, como piensa). Ese yo en el fondo es consecuencia de las circunstancias pasadas, ya que las experiencias marcan nuestra personalidad (en definitiva: la crean).
Así, cada persona es un trocito del mundo, es donde se une el mundo y el yo. Cada persona tiene una perspectiva de ese mundo, la suya propia, la que ha interpretado y captado su yo. Cada persona es un mundo en sí mismo, pues contiene el mundo, aunque distorsionado por el yo.
Cada persona es Dios en su propio mundo, lo cambia y dirige a su manera.
¿Podemos pensar en un Dios que domine a todos? Mi respuesta es que esa idea es incompatible con el perspectivismo. Ortega y Gasset proponía que Dios sería la suma de todas las perspectivas, pero eso es imposible, porque nada puede dominar al yo. No hay nada superior a la perspectiva. La suma de todas las perspectivas no es nada. Sería la suma de todos los yo y todas las circunstancias posibles.
El Dios en el que yo creo, es el mundo sin distorsionar, el que no podemos ver, porque es imposible que nos desprendamos del yo para conocer. Dios es el objetivismo puro y duro. Y no podemos acceder a él de ninguna forma.
Pero por otro lado él tampoco puede acceder a nosotros, al yo. Es nuestro, propio, y además subjetivo y él no puede dominarnos en ese terreno. Antes había dicho que en realidad el yo es consecuencia de las circunstancias pasadas, pero siempre hay un fondo, la esencia humana, que no tiene nada que ver con el mundo. Es impredecible, espóntaneo.
Esa es la razón por la que rechazo cualquier religión que diga que Dios nos domina. Es cierto que nos ha creado (el mundo, el universo, es el que nos ha creado, y en mi modelo el universo es Dios); no discrepo tampoco con la ciencia en ese punto, que es lo más cercano a Dios que tenemos (es lo más objetivo que encontramos en el ser humano); pero no nos domina.
Si Dios son las circunstancias, el ser humano es capaz de vencerlas y distorsionarlas con su yo. Por tanto, en ningún caso Dios es superior a nosotros, somos nosotros los que luchamos contra él y le vencemos.
Niezsche se equivocaba. Dios aún no ha muerto. Tenemos todavía que cometer ese asesinato, para lograr ser libres en todos los aspectos de nuestra vida. Tenemos que luchar contra las circunstancias y no dejar que nos dominen.

miércoles, 2 de junio de 2010

Robin Hood. Héroe. Ladrón.

Estoy segura de que todo el mundo ha oído hablar de Robin Hood. El ladrón que roba a los rico para dárselo a los pobres. En Disney le pintan como un héroe. Para mí siempre lo ha sido, pero si uno lo traslada a la vida real: ¿tiene derecho a hacer eso Robin Hood?
Volvemos a la historia de siempre: el bien y el mal. Y es que la acción de robar (que creo que en cualquier cultura tiene una connotación negativa), en esta historia resulta ser una buena acción, puesto que por supuesto, el Sheriff de Nottinham y el rey se lo merecen. Robar es malo, sea a quien sea, se lo merezca o no se lo merezca. Pues no somos quienes para juzgar si se lo merece o no. ¿Quienes nos creemos que somos? No hay nadie (ni nada) por encima del bien y del mal.
Bien, todo esto es cierto, debe existir la misma justicia para todos, pues no podemos saber la verdad de los sucesos.
Sin embargo, es triste pensar que tenga el mismo valor negativo, y conlleve el mismo castigo que una persona pobre que se muere de hambre robe comida, que que lo haga un niño rico y mimado por divertirse. Es triste que la justicia no pueda juzgar en función de la intencionalidad y circunstancias (aunque si se tenga ligeramente en cuenta).
Pero si se hiciera de esa manera sería realmente injusto: desgraciadamente (o afortunadamente en realidad) la justicia es para todos (and justice for all, últimas palabras del himno americano).

Y es que que cuenta: ¿la acción o la intención? En mi opinión (y entiendo que en la de casi todos) la intención, pero como no podemos valorar eso, habrá que contar la acción.
Resulta destetable pensar que nuestro Robin Hood, debería ir a la cárcel, por ladrón.

viernes, 30 de abril de 2010

De mi clara incapacidad para correr a un existencialismo repetitivo ya en lo que escribo

Ayer salí a correr con una amiga. En seguida (a los diez minutos) noté que me faltaba el aire, que las piernas no daban más de sí y que todo mi cuerpo pedía una parada. Y me paré. Descansé un minuto y volví a intentarlo. Dos minutos tardaron mis piernas en gritarme que parara de nuevo. El resto del camino hacia mi casa lo recorrí andando, cabreada por no poder aguantar más. En esos momentos me hice una pregunta a mí misma: ¿qué hubiera pasado si alguien me hubiera estado persiguiendo? ¿o si fuera una carrera en la que el premio es un millón de euros? Estoy segura que hubiera respirado hondo y hubiera corrido hasta el final del recorrido, aunque me temblaran las piernas y al llegar me hubiera derrumbado. Yo le dije a mi amiga al pararme que de verdad NO podía seguir. Aprecié ahí el poder que tiene el tener un objetivo una meta, pues sino no nos esforzamos en lograr nada. Ya no estoy hablando de correr veinte minutos. Estoy hablando de la vida misma. El ser humano (y todo en la naturaleza) tiende a la mínima energía y sólo cuando se requiere para la superviviencia (o para conseguir algún beneficio) luchamos por lograrlo.
Sí, puede resultar triste, pero necesitamos un motivante. El perezoso (hablo del animal) sólo baja del árbol, en el que se pasa el día durmiendo o descansando, cuando necesita hacer sus necesidades. El ser humano es más activo (aunque habrá excepciones claro está), pero aún así necesitamos fines en esta vida, metas, pues si ya lo tuvieramos todo la vida no tendría sentido. Somos inconformistas, y aunque nuestra vida sea maravillosa y mucha gente desearía tener una pequeña parte de lo que tenemos, siempre necesitamos más.
No es egoísmo, sólo necesidad de vivir. La vida es el recorrido hacia la felicidad, que sólo alcanzaremos cuando comprendemos que se acaba todo (supongo) cuando llegamos a la meta. Y fin de la partida. Tranquilos, no pondrá Game Over, sino enhorabuena, has luchado, has sufrido, has llorado, pero a cambio has amado, has respirado, has visto, has reído, has sentido. HAS VIVIDO.

domingo, 21 de marzo de 2010

Que Kant critique la razón pura y práctica, ya le criticaré yo a él

Kant es considerado uno de los filósofos más grandes de la Historia. Y uno de los más difíciles de comprender seguramente. Tal vez es que no le he comprendido exactamente, pero aunque su síntesis del empirismo y racionalismo diera pie a la creación de una filosofía crítica que intentara entender la existencia humana, se equivoca (evidentemente bajo mi punto de vista) en algunos puntos de su Crítica de la razón práctica.
Kant parte en toda su filosofía de presupuestos. Para Kant existe algo universal que nos hace humanos, algo similar a lo que nos llevará a obrar correctamente. Distingue además que las acciones pueden ser realizadas por deber moral (imperativo categórico) o por lograr un fin (imperativo hipotético).
Kant me considerariá materialista, pero para mi las primeras no existen. ¿Qué es ese deber que nos impulsa a obrar bien, sino un fin? Podrá llamarlo como quiera, pero siempre con cada acción, decisión, buscamos un objetivo, un objetivo de beneficio personal. No se puede luchar contra la naturaleza egoísta que poseemos todos los seres humanos.
Kant diría: y bien, entonces según tú, ¿cual es ese objetivo que nos lleva a hacer acciones que en sí no nos reportan beneficio, por ejemplo ceder ante una persona para salir perjudicados? ¿Porqué obrar bien?
Aunque el beneficio no sea material, ni tampoco un beneficio en sí mismo, e incluso sea perjudicial, nosotros sí sabemos que hemos hecho lo que consideramos correcto (que normalmente se correponderá con lo que consideran correcto los demás, si nuestra educación ha sido buena) y el fin y objetivo de esa acción habrá sido en todo momento sentirse mejor con uno mismo porque sabemos que tendremos el reconocimiento de los demás, y eso aunque no nos demos cuenta, implica felicidad.
Yo sé que no actúo por ningún deber. Incluso hago cosas que se consideran de poco avispada, pero sé que no tendré que rendir cuentas a mi conciencia, pues me sentiré bien conmigo misma porque los demás así lo verán. Sí suena a condicionamiento de la opinión que tengan los demás de mí, pero desgraciadamente, la opinión que tienen los demás de nosotros es similar a la que tenemos nosotros de nosotros mismos. O es así, o estás condenado a ser un ermitaño aislado de la sociedad. Y así, serás independiente y libre, sí. Pero creo que merece la pena vivir en sociedad a costa de perder parte de la libertad.

domingo, 7 de marzo de 2010

¿Quién es el loco?

Imagina por un momento ser un loco. Debe ser algo así como que el resto del mundo se compinche contra ti, y te diga que la realidad es de esta forma, y que todo lo que tú creías que era de una manera, es completamente distinta.
¿Porqué les consideramos locos, si hacen lo que haría cualquier persona? Sólo viven tal y como ellos perciben la realidad. Es lo mismo que hacemos el resto.
Ah, sí, es cierto. Nuestras realidades coinciden más o menos. El que no quiere unirse a esa percepción no encaja en nuestra sociedad, pues la sociedad no es más que el conjunto de gente que ve las cosas de igual forma.
Lo peor de ser loco debe ser que una vez que ya piensan que estas loco, digas lo que digas, no servira sino para convercerles de tu falta de cordura.
En el fondo estas ideas con las que me he encontrado últimamente en libros ("Los renglones torcidos de Dios") o películas ("Shutter island") no me hacen sino reflexionar sobre el fondo de nuestra existencia.
Lo único que poseemos realmente son nuestros recuerdos y pensamientos. Cuando morimos todo eso lo perdemos excepto aquello que queda en las demás personas sobre nosotros, o en la conciencia universal si hemos sido alguien importante en el mundo.
Nuestras posesiones mentales anteriormente mencionadas no son más que partes de la realidad que hemos captado, pero también partes que hemos inventado con nuestra imaginación. Poniéndonos en la piel de un loco: si todo lo que poseemos realmente, nadie lo reconoce, pues lo hemos inventado, cuando desaparezcamos ¿quién recordará que hemos existido? ¿para que hemos luchado años y años?
Y esto no sólo poniendonos en la piel de un loco. Poniéndonos en la nuestra propia: ¿quién no desea vivir para siempre aunque su cuerpo desaparezca? ¿quién no desea ser recordado eternamente? ¿quién no desea ser inmortal?

sábado, 20 de febrero de 2010

Las muchas caras de la verdad y la maldad

Si me preguntaran qué es la verdad dudaría antes de responder. Supongo que su verdadera definición es algo objetivo en lo que todos están de acuerdo. Pues si tomamos en cuenta esa definición, no existe la verdad, aunque tampoco la mentira. Sólo que la verdad presenta muchas caras, tantas como personas hay en el mundo. Basta con escuchar a dos personas distintas acerca de un hecho en común. Aunque el suceso sea el mismo, cada uno matizará su versión: omitirá algunas cosas, exagerará otras. Al igual que la verdad, la maldad también presenta muchas caras, exactamente las mismas que la verdad. ¿Qué es la maldad? Es hacer sufrir a los demás con intención o sin intención. Pero la verdadera pregunta es: ¿quién es bueno y quién es malo? La respuesta es que depende que quién cuente "su verdad". Te enseñan de pequeño que hay que portarse bien con los demás, pero según creces te encuentras a gente a la que no deben de habérselo inculcado. Y aunque no te des cuenta, esa maldad de los demás entra dentro de ti. Puede corromperte o no, pero tú no eres el más indicado para darte cuenta. Te pasas la vida pensando que eres bueno (dentro de unos límites, no se es perfecto) y de repente alguien te saca un espejo y el reflejo que te encuentras al mirar es la maldad. De primeras dudas de ti, pero, ¿y si el malvado no eres tú, sino quién sostiene el espejo? ¿y si el espejo no es más que una mentira? Lo terrible es que no hay forma humana de saber quién es bueno y quién es malo, quién miente o quién dice la verdad. Porque es relativo.
Sin embargo, lo que debe importarnos es nuestra cara de la verdad, pues todas las demás están tan equivocadas como nosotros. La verdad es inalcanzable, pertenece a otra realidad, a la verdadera, a la que jamás podremos echar siquiera un vistazo.