sábado, 31 de julio de 2010

Política.

No me suele gustar hablar ni de política ni de religión. Son mis temas tabú. Pero hoy me da un poco igual. Porque cada vez dudo más de que sea posible una sociedad justa.
Las utopías (desde la de Platón a la de Aldous Huxley, pasando por Tomás Moro) proponían un modelo de sociedad ideal (estando intrínsecas en esa palabra justicia e igualdad). Pues bien, las utopías son eso, utopías. Si la sociedad la compusieran pocas personas, el estado justo e ideal sería más sencillo. La democracia griega incluía en la política a todos los ciudadanos (le fallaba el hecho de que ciudadanos fueran considerados pocos), siendo así el modelo por excelencia de política. Si siendo pocos habitantes ya se darían desigualdades y corrupción (la naturaleza malvada del ser humano no se puede eludir), en el mundo actual superpoblado ese modelo social sería completamente inviable a no ser que cada pueblo se convirtiera en Estado. Y eso implicaría la vuelta a un mundo menos tecnológico y a economías menos evolucionadas. Y cada pueblo no podría mantenerse si se continuara con la economía que rige nuestro mundo (vamos, que también inviable).
El capitalismo implica una sociedad injusta, en la que a pocos les sobra el dinero que les falta a la gran mayoría. Sí, es injusto. Pero otro modelo no es más perfecto. ¿El comunismo? Una patraña. Aún más injusto. Una clase única de trabajadores en la que todo se comparte, todo es comunitario. ¿Trabajan todos por igual? No es una pregunta retórica, ya respondo yo: No. Entonces, ¿Se merecen todos tener lo mismo, porque sí? ¿El vago y el que se mata a trabajar se merecen tener lo mismo? No. (Otro punto a parte es que alguien debe dirigir, imponer un poco de orden, pues no todos somos buenas personas, y ¿quién debería ser ese elegido siendo una clase única de trabajadores? Seguramente sería el más corrupto. Otro punto: ¿todos iguales en todo? ¿uniformar a las personas? ¿sus mentes también? Eso es la dictadura perfecta. Ahí lo dejo).
El caso es que la sociedad perfecta es imposible. Habrá unas mejores. Otras peores. ¿Peores? Las dictaduras, creo que mis argumentos están claros. Nadie es quien para imponer nada a nadie, pisar su libertad. ¿Mejores? Optaría por una sociedad en la que los que trabajaran más, se esforzaran por mejorar ellos mismos y ayudar a la sociedad, en su conjunto, a ser mejor; fueran recompensados. Que nadie se muriera de hambre, que todos pudieran cubrir las necesidades básicas. Pero que el que busque mayor comodidad, mejor vida, se lo trabaje.¿Imposible? ¿Otra utopía?
Puede ser. Los partidos políticos no hacen nada por hacer avanzar a la sociedad hacia su mejor realización, sólo usan artimañas para ganar las elecciones y a vivir como reyes. No tienen ideales. No defienden unas ideas. Meros títeres en busca de dinero.
No soy nadie especial para decir porqué mi ideal de sociedad es la mejor. Yo expongo mi opinión. En ella creo recoger los intereses de cualquier persona. Creo que en ella, naciendo en cualquier lugar, familia, etc. tendría los mismos derechos que cualquiera que hubiera nacido en otro sitio. Si tengo derecho a educarme, a comer, a curarme, el resto dependerá sólo de cómo me trabaje mi vida. La vida hay que sudarla.
Ahora viene otra pregunta: ¿Quién dirigiría? Porque es necesario. Debe haber alguien que se encargue de ordenar a todos los demás, que dicte las leyes que recojan los intereses de todos. Ese alguien en mi opinión debería ser alguien preparado, educado, culto, (todos deben tener derecho a la educación para que todos tengan las mismas oportunidades de realizarse y saber si pueden ser ese dirigente) que sepa SER todas y cada una de las personas. Alguien que asuma la función de Dios con humildad, es decir, alguien que sepa recoger a todas las personas a su cargo en sí mismo, pero que no uniforme, sino que unifique, que es distinto.
Que cada cual sea único pero que sepa vivir en sociedad respetando.
¿Imposible? Bien lo titularé Utopía del S. XXI.
Porque siempre habrá algo que falle en todo esto, algo que hace que mi utopía nunca pueda realizarse: la maldad, egoísmo e instinto de supervivencia del ser humano. Somos animales, aunque, creando sociedades "civilizadas" (sí, nos matamos entre nosotros, dejamos que los más débiles sufran y mueran, destruimos lo que el vecino de al lado ha construido), intentemos disimular que no lo somos.
¿Imposible? Imposible.

lunes, 5 de julio de 2010

Trenes

Tren hacia mi destino.
Sería más interesante si no supiera cual es.
Sería bonito cerrar los ojos y coger el primer tren que llegara a la estación.
Dejarse llevar por un momento por el instinto.
Entrar en un vagón cualquiera, sentarme al azar en un asiento.
Cruzar una mirada real con aquel viajero que se siente frente a mí. Poder decir más de un hola cortés y falso. El ya no ser extraños en un tren.
Se acabarían aquellas miradas furtivas, curiosas a la vez, al reflejo de la ventanilla llena de grafitis.
El c8-b me dejará en mi parada pronto.
Me pregunto que hubiera pasado si me hubiera lanzado a la aventura de improvisar, de romper con la monótona rutina y dar paso al azar.
Pero flaquea el valor.