Kant es considerado uno de los filósofos más grandes de la Historia. Y uno de los más difíciles de comprender seguramente. Tal vez es que no le he comprendido exactamente, pero aunque su síntesis del empirismo y racionalismo diera pie a la creación de una filosofía crítica que intentara entender la existencia humana, se equivoca (evidentemente bajo mi punto de vista) en algunos puntos de su Crítica de la razón práctica.
Kant parte en toda su filosofía de presupuestos. Para Kant existe algo universal que nos hace humanos, algo similar a lo que nos llevará a obrar correctamente. Distingue además que las acciones pueden ser realizadas por deber moral (imperativo categórico) o por lograr un fin (imperativo hipotético).
Kant me considerariá materialista, pero para mi las primeras no existen. ¿Qué es ese deber que nos impulsa a obrar bien, sino un fin? Podrá llamarlo como quiera, pero siempre con cada acción, decisión, buscamos un objetivo, un objetivo de beneficio personal. No se puede luchar contra la naturaleza egoísta que poseemos todos los seres humanos.
Kant diría: y bien, entonces según tú, ¿cual es ese objetivo que nos lleva a hacer acciones que en sí no nos reportan beneficio, por ejemplo ceder ante una persona para salir perjudicados? ¿Porqué obrar bien?
Aunque el beneficio no sea material, ni tampoco un beneficio en sí mismo, e incluso sea perjudicial, nosotros sí sabemos que hemos hecho lo que consideramos correcto (que normalmente se correponderá con lo que consideran correcto los demás, si nuestra educación ha sido buena) y el fin y objetivo de esa acción habrá sido en todo momento sentirse mejor con uno mismo porque sabemos que tendremos el reconocimiento de los demás, y eso aunque no nos demos cuenta, implica felicidad.
Yo sé que no actúo por ningún deber. Incluso hago cosas que se consideran de poco avispada, pero sé que no tendré que rendir cuentas a mi conciencia, pues me sentiré bien conmigo misma porque los demás así lo verán. Sí suena a condicionamiento de la opinión que tengan los demás de mí, pero desgraciadamente, la opinión que tienen los demás de nosotros es similar a la que tenemos nosotros de nosotros mismos. O es así, o estás condenado a ser un ermitaño aislado de la sociedad. Y así, serás independiente y libre, sí. Pero creo que merece la pena vivir en sociedad a costa de perder parte de la libertad.
domingo, 21 de marzo de 2010
domingo, 7 de marzo de 2010
¿Quién es el loco?
Imagina por un momento ser un loco. Debe ser algo así como que el resto del mundo se compinche contra ti, y te diga que la realidad es de esta forma, y que todo lo que tú creías que era de una manera, es completamente distinta.
¿Porqué les consideramos locos, si hacen lo que haría cualquier persona? Sólo viven tal y como ellos perciben la realidad. Es lo mismo que hacemos el resto.
Ah, sí, es cierto. Nuestras realidades coinciden más o menos. El que no quiere unirse a esa percepción no encaja en nuestra sociedad, pues la sociedad no es más que el conjunto de gente que ve las cosas de igual forma.
Lo peor de ser loco debe ser que una vez que ya piensan que estas loco, digas lo que digas, no servira sino para convercerles de tu falta de cordura.
En el fondo estas ideas con las que me he encontrado últimamente en libros ("Los renglones torcidos de Dios") o películas ("Shutter island") no me hacen sino reflexionar sobre el fondo de nuestra existencia.Lo único que poseemos realmente son nuestros recuerdos y pensamientos. Cuando morimos todo eso lo perdemos excepto aquello que queda en las demás personas sobre nosotros, o en la conciencia universal si hemos sido alguien importante en el mundo.
Nuestras posesiones mentales anteriormente mencionadas no son más que partes de la realidad que hemos captado, pero también partes que hemos inventado con nuestra imaginación. Poniéndonos en la piel de un loco: si todo lo que poseemos realmente, nadie lo reconoce, pues lo hemos inventado, cuando desaparezcamos ¿quién recordará que hemos existido? ¿para que hemos luchado años y años?
Y esto no sólo poniendonos en la piel de un loco. Poniéndonos en la nuestra propia: ¿quién no desea vivir para siempre aunque su cuerpo desaparezca? ¿quién no desea ser recordado eternamente? ¿quién no desea ser inmortal?
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