jueves, 16 de septiembre de 2010

Religión.

Otro de mis temas tabú: religión. El motivo por el que nunca hablo ni de política ni de religión es porque no me gusta discutir. Pero hoy no me importa.
No sigo ninguna religión. Pero soy tolerante mientras las religiones sean tolerantes (las religiones lo son, pero no sus seguidores, los que interpretan los textos sagrados como quieren para imponerse y para preservar sus intereses). No creo en Dios. Pero no soy atea (en su definición más pura). Entiendo a Dios de una forma distinta, fuera de la fe y de la ciencia, de una forma filosófica. Me explicaré.
Siguiendo la estela de Ortega y Gasset, opino que cada persona es la suma de sus circunstancias y su yo (como es, como piensa). Ese yo en el fondo es consecuencia de las circunstancias pasadas, ya que las experiencias marcan nuestra personalidad (en definitiva: la crean).
Así, cada persona es un trocito del mundo, es donde se une el mundo y el yo. Cada persona tiene una perspectiva de ese mundo, la suya propia, la que ha interpretado y captado su yo. Cada persona es un mundo en sí mismo, pues contiene el mundo, aunque distorsionado por el yo.
Cada persona es Dios en su propio mundo, lo cambia y dirige a su manera.
¿Podemos pensar en un Dios que domine a todos? Mi respuesta es que esa idea es incompatible con el perspectivismo. Ortega y Gasset proponía que Dios sería la suma de todas las perspectivas, pero eso es imposible, porque nada puede dominar al yo. No hay nada superior a la perspectiva. La suma de todas las perspectivas no es nada. Sería la suma de todos los yo y todas las circunstancias posibles.
El Dios en el que yo creo, es el mundo sin distorsionar, el que no podemos ver, porque es imposible que nos desprendamos del yo para conocer. Dios es el objetivismo puro y duro. Y no podemos acceder a él de ninguna forma.
Pero por otro lado él tampoco puede acceder a nosotros, al yo. Es nuestro, propio, y además subjetivo y él no puede dominarnos en ese terreno. Antes había dicho que en realidad el yo es consecuencia de las circunstancias pasadas, pero siempre hay un fondo, la esencia humana, que no tiene nada que ver con el mundo. Es impredecible, espóntaneo.
Esa es la razón por la que rechazo cualquier religión que diga que Dios nos domina. Es cierto que nos ha creado (el mundo, el universo, es el que nos ha creado, y en mi modelo el universo es Dios); no discrepo tampoco con la ciencia en ese punto, que es lo más cercano a Dios que tenemos (es lo más objetivo que encontramos en el ser humano); pero no nos domina.
Si Dios son las circunstancias, el ser humano es capaz de vencerlas y distorsionarlas con su yo. Por tanto, en ningún caso Dios es superior a nosotros, somos nosotros los que luchamos contra él y le vencemos.
Niezsche se equivocaba. Dios aún no ha muerto. Tenemos todavía que cometer ese asesinato, para lograr ser libres en todos los aspectos de nuestra vida. Tenemos que luchar contra las circunstancias y no dejar que nos dominen.

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