Es extraño lo que nos puede dar un simple lugar.
Esperando en la estación, el solo hecho de pensar que iba a coger el tren, me lanzaba miles de frases que encajadas habrían podido ser la historia perfecta. Pero es difícil cogerlas al vuelo.
Lo más sorprendente es como un tren sucio, pintarrajeado y una estación solitaria y vacía dicen tanto. Son mi eterna inspiración.
Sentada con la piernas apoyadas en el asiento de enfrente, mirando por la ventanilla los campos infinitos, la música y la sonrisa son lo único que necesito para recuperar la inspiración desaparecida por tanto tiempo.
Será que la c8-b es como mi hogar pero el de mi imaginación. Será porque aún sigo pensando en el tren como el gran símil de la vida.
O porque algo tan triste o tan alegre, depende; tan solitario o a veces acompañado; tan vacío y lleno a la vez, es lo más parecido a las palabras que existe.
jueves, 4 de agosto de 2011
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