miércoles, 2 de diciembre de 2015

Sentir o no sentir

Lo más evolutivo es huir del dolor, alejarnos de lo que nos hace daño. Y hablando de sentimientos, siempre que un sentimiento doloroso nos invade, intentamos encerrarlo en lo más profundo de nosotros, volvernos fríos ante todo. Quién haya sentido ese entumecimiento que genera el no sentir nada, se habrá dado cuenta que implica realmente no sentir nada. Nada malo, pero tampoco bueno. Si alejamos sentimientos que van de la mano, como el amor y el doloroso echar de menos, no solo de horas sino de kilómetros, nos quedamos vacíos. Los días pasan como si nada, como si no viviéramos nuestra vida sino que es como si la observáramos desde fuera, y nos aferramos a cualquier momento que nos vuelva a hacer vivir. Pero eso no es vida. Por eso, hay días que decides sentir, pasar calor y derretir el hielo, que el dolor de estar lejos de lo que quieras te invada, te corroa y te saque miles de lágrimas. Y ese día vuelves a sentir el amor con la misma intensidad que cuando no hay kilómetros, sino centímetros.