lunes, 3 de febrero de 2014

Infiernos

Para subir al cielo hay que poner un rato los pies en la Tierra y haber pasado un rato en el infierno. ¿Pero es en el cielo donde queremos estar? Dicen que la felicidad cansa, que no nos conformamos ni con lo que siempre hemos querido, que lo que nos gusta es ser desdichados. Parece que para poder sentir de verdad la dicha de las alturas hay que tocar fondo muchas más veces.
Yo creo que hay parte de verdad, pero nos equivocamos en lo esencial. Es verdad que la alegría se siente por comparación, también es cierto que lo que nos gusta es sentirnos vivos y para ello hay que llorar de vez en cuando, salir de esa cúpula que nos hemos montado alrededor nuestro para no ser heridos; somos inconformistas y siempre queremos más hasta cuando ya lo tenemos todo.
Y me creo que la felicidad raye, pero no que canse. ¿Que quieres bailar con los demonios? Cada cuál que juegue con su caja de Pandora.
A mi no me hables de cielos y de infiernos, he estado en ambos, pero ahora me muevo entre otros distintos.
Entre el cielo de su mirada, y el infierno de su sonrisa. Entre el cielo de sus caricias y el infierno de sus besos.

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