domingo, 9 de diciembre de 2012

A la deriva

Y me di cuenta de repente que iba a la deriva. Y me preocupé porque no me preocupaba. No intentaba buscar algo a lo que aferrarme aunque se me ofreciera, porque el mar aún estaba en calma, brillaba el sol, y el estar a la deriva era delicioso, más incluso que estar "a salvo".
Pero llegará el día en que vuelva la tormenta, y entonces buscaré desesperada algo seguro y acogedor a lo que agarrarme. Y ese día estaré perdida en mitad del mar, a mi estilo, a la verdadera deriva.
De aquí se extrae una buena moraleja, ¿a la que haré caso? Pues no, así soy yo. Sigamos nadando y flotando sin control.

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