lunes, 12 de marzo de 2012

No mucho.

No era nada. Pero sin embargo, ahí estaba. Eso era indudable. Era insignificante, pero sin embargo, embriagador.
Como un rayo de luz breve entre las cortinas, una bocanada de aire frío en invierno, la silueta de Madrid dibujándose con el amanecer, una palabra que suena dulce, o un olor aún más tierno.
Y es que en la simplicidad está la perfección.

No hay comentarios:

Publicar un comentario