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El tiempo se había detenido. Pero para mí, no para el resto del mundo. Para ellos avanzaba inexorable, y me arrastraba a mí sin saberlo. Se supone que cuanto más rápido avanzas, más lento va el tiempo (son las leyes de la física), pero para ti, no para los demás.
Debía ser eso, estaba moviéndome a la velocidad de la luz. Lo cual es la ironía más perfecta, pues más despacio y suave no podría ir.
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Estoy at a place called Vertigo. Que en este caso tampoco se donde está, ni que hago allí. Sólo sé que estoy y no puedo salir. Ni creo que quiera salir, aclaremos.
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Ahora mismo debería ser la cumbre de la inspiración. Precisamente por eso, las palabras están ahí, pero no quieren salir. ¿En realidad quién necesita las palabras, cuando están de más?
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-¿Si ahora digo algo, lo estropearía verdad?
-¿Por qué, que ibas a decir?
-La verdad es que no lo sé, nada en concreto, pero a la vez muchas (o quizás demasiadas) cosas.
Pero eran palabras sueltas, que ni uniéndolas tenían sentido. ¿Por qué buscarles el orden? El desorden es bello.
Y es que la pregunta es: ¿Es necesario que todo cuadre siempre? El caos es lo mejor con lo que te puedes cruzar en la vida.
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