domingo, 17 de abril de 2016
Llueve en Lausanne
Era un equilibrio tan inestable que parecía dispuesto a romperse con solo suspirar. La gente daba por hecho donde estaba todo el peso de la balanza, y ella creía saberlo. Pero a veces los pilares están vacíos y enmascaran pesos pluma, o simplemente que cuando se juntan los dos mundos, nada es lo que parece. Porque ella podía amar dos ciudades a la vez, pero no mantener dos vidas para siempre. La decisión debería llegar en algún momento y si trataba de minar poco a poco tanto un lado como otro para ver que quedaba, se le iba a desgastar el alma. Y ella pensaba y pensaba que pensaba. Soñaba incluso qué consejo habría dado a la chica que hace años se marchó. Al despertarse se decía que la diría que nunca se marchase, que no se complicara la vida. Acto seguido miraba alrededor y a su interior, a lo que había crecido, y el consejo cambiaba, adoptaba una forma distinta a cada segundo. Y un día ocurrió. Ocurrió que se dio cuenta de que podría haber miles de consejos que dar, pero no a quién darlo. La chica que hace años se marchó, realmente se marchó.
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