domingo, 4 de septiembre de 2011

Necesidad de adrenalina

Aceleraba más y más. Comenzaba a llover, como una intuición o una señal de algo, no tenía claro qué.
Necesitaba tener la sensación de peligro, de alerta, de que te la estas jugando, que hace que tu cuerpo dé la señal de segregar adrenalina. Debe ser la sustancia clave, la que nos hace decir sí, realmente estoy vivo.
Pero esto no quiero decir que me la estuviera jugando, como aquellos que apenas tienen apego a la vida y la ponen en juego (o en venta sería más correcto) por nada.
Yo amo la vida, mi vida. Y necesitaba en ese momento sentirla con fuerza, con tanta energía como para que todo mi ser me dijera que debía aferrarme a ella aunque el esfuerzo me matara.
Llegue y salí del coche pero no entre en casa, me quede bajo la lluvia observando los rayos.
Las alegrías, los momentos de felicidad nos dan la adrenalina que necesitamos.
¿Pero que ocurre cuando la felicidad es rutina? Te acostumbras y esa adrenalina ya no tiene efecto. Y te preguntas si has perdido tu capacidad de sentir emociones.
Por eso recurres a la otra adrenalina, la de la angustia, la de la sensación de peligro, de alerta. La buscas en cosas que no tendrían importancia, pero haces que te afecten para sentir algo, necesitas sentir para saber que sigues vivo.
Por eso también buscas la lluvia, la tormenta, y miras con admiración los rayos, los truenos, que retumban y resuenan en todo tu interior.

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