Tren hacia mi destino.
Sería más interesante si no supiera cual es.
Sería bonito cerrar los ojos y coger el primer tren que llegara a la estación.
Dejarse llevar por un momento por el instinto.
Entrar en un vagón cualquiera, sentarme al azar en un asiento.
Cruzar una mirada real con aquel viajero que se siente frente a mí. Poder decir más de un hola cortés y falso. El ya no ser extraños en un tren.
Se acabarían aquellas miradas furtivas, curiosas a la vez, al reflejo de la ventanilla llena de grafitis.
El c8-b me dejará en mi parada pronto.
Me pregunto que hubiera pasado si me hubiera lanzado a la aventura de improvisar, de romper con la monótona rutina y dar paso al azar.
Pero flaquea el valor.
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